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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2011.

Crítica número 88: The Sniper (Edward Dmytryk, 1952)

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Es The Sniper una soberbia lección de armonía entre contenido y continente, entre fondo y forma en el arte cinematográfico. Dmytryk utiliza con plena efectividad y coherencia con lo narrado recursos como la utilización dramática del fuera de campo (la presencia o ausencia del personaje principal en el campo visual tiene una significación especial en este filme), el empleo sumamente calculado de los primeros planos, la incorporación en el momento adecuado de planos de detalle, la existencia de contrapicados y picados que son extensiones casi homogeneas de la metafísica del personaje principal , la excepcional administración del tempo o la utilización del escenario como elemento amplificador de lo sucedido.

Es también un equilibrado ejemplo de filme que conjuga con asombrosa facilidad su plena adscripción genérica y su vertiente crítica, suavemente expuesta sin caer en el relato discursivo, tendencioso, tan temido por los espectadores más sensibles a las manipulaciones ideológicas.

Incluso la actuación de Arthur Franz como Eddie Miller y el tratamiento que del mismo plantea el guionista Harry Brown constituye un perfecto ejemplo de ajuste idoneo entre sobriedad e intensidad, entre apariencia y fondo. Eddie Miller es un ser atormentado por su enajenación mental, es un perturbado perpetuamente arrepentido que es consciente de su enfermedad, por lo tanto el guión y el actor no nos lo presentan como un oscuro y sanguinario asesino, sino como un chico aparentemente normal, agradable, de aspecto inofensivo. La enfermedad mental se encuentra oculta para una sociedad que no sabe ver más allá de las apariencias. No se entra pues en obvias y evidentes demostraciones de locura histriónica, se trata de un joven que sufre y de un sistema que no es capaz de detectar su problema a tiempo. Los aciertos en el tratamiento del conflicto central son expuestos a modo de perfecto epítome en la magnífica conclusión que culmina el filme.

No resulta menos admirable la magnética música de George Antheil, expresiva composición que refleja con propiedad la violencia contenida, cual volcán a punto de entrar en erupción bajo un monte de apacible apariencia, que se refugia tras el rostro juvenil del protagonista, la enajenación y la dificultad del joven para contenerse ante sus más terribles instintos. Antheil juguetea en su partitura con ciertas disonancias insertadas en temas trágicos con fragmentos vagamente contrapuntísticos, potenciados por intermitentes irrupciones de intrumentos de viento, todo ello conducido en una progresión ejemplar que logra el clima adecuado en los momentos clave de un filme en el que los diálogos desaparecen durante prolongados periodos de tiempo.

 

Filme elaboradísimo en lo visual y en lo temático, The Sniper resulta finalmente una de las obras más coherentes artísticamente que he tenido la oportunidad de observar en mucho tiempo. Una muestra deliciosa de equilibrio entre  exposición formal y temática que se erige, en mi opinión, en la mejor obra, en la más rotunda a todos los niveles,  de su interesante e irregular autor.

 

 

Puntuación:    5/5 

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21/03/2011 22:48 cineyarte #. Críticas de cine No hay comentarios. Comentar.

Cine y literatura: La roja insignia del valor

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The red badge of courage (Stephen Crane)

 

La roja insignia del valor es un magnífico relato en el que se refleja una guerra abstracta y absurda, con apuntes patéticos por doquier. Los enemigos son invisibles tras las persistentes humaredas de las armas, los soldados luchan dominados, no por el valor, sino por ese instinto animal de denodada defensa del que se sabe muerto. Las estrategias son absurdas, así como las actitudes de los humanos cuando están alejados de la civilización (la civilización presta modelos de comportamiento en los que el ser humano se acomoda, se adapta, inventa excusas y teorías superficiales para autojustificarse, todo ello en la absoluta artificialidad de lo civilizado). En definitiva, el protagonista ha vivido un periodo de sangre y barbarismo esquizofrénico, un retorno a su más elemental naturaleza, cuyo único efecto positivo es la alegría de reencontrarse con la vida después de esa aparente muerte. Es más que una crítica a la guerra, es un breve estudio crítico del ser humano, ese animal mentiroso por antonomasia (a eso le llaman capacidad de razonamiento; lo abstracto, en definitiva no es más que una externamente insignificante mentira). Se trata de un furibundo ataque contra el antropocentrismo y, además, resulta una de las mejores novelas de aventuras que se han escrito. Cierto es que mi concepto de aventura es amplio: ¿qué no es una aventura sino una sucesión de lances (mentales o físicos) de suerte e infortunio?. Desde esta perspectiva sólo existe un género: la vida y sus derivados.

Un libro magnífico, escrito con continuidad, con intensidad, con esa atención a los gestos y actitudes que tanto dominaba Tolstoi, pero que Crane comprime y a mi juicio supera (las virtudes que se exponen de manera precisa y concisa son a mi juicio superiores: narrar no es algo que dependa de la longitud de lo narrado) en apenas doscientas páginas de pura y maravillosa narrración.

 

The red badge of courage, breve acercamiento a la obra cinematográfica:  John Huston, 1951

 

  A pesar de las vicisitudes surgidas en torno a su gestación y posterior andadura, la traslación que John Huston realizó en el año 1951 para la Metro Goldwyn Mayer respeta milagrosamente la esencia (de difícil aprehensión debido a su naturaleza eminentemente abstracta, al margen de su superficie naturalista) de la obra literaria en la que se basa. Careciendo del mismo grado de prufundidad del relato original, visualmente es todo lo que Crane nos hizo ver a través de su relato: caras sudorosas, uniformes viejos y polvorientos de un enemigo invisible que se oculta tras las olas de polvo, un entorno envuelto perpetuamente en sonidos de diversa procedencia, el agitado movimiento de las jóvenes masas humanas en el desenfreno suicida de las cargas, la presencia del bosque como paisaje vivo (ramas que asoman por doquier, hierba, planos en contrapicado de la cúpula solar formada por los árboles)...

John Huston confirió a la narración un tono abstracto, utilizó primeros planos (se trata de un recurso coherente con el objetivo de la obra: el retrato psicológico de un soldado) y bastantes planos contrapicados que añaden una sensación adecuadamente opresiva a la imagen, Por otra parte cabe destacar la labor fotográfica de Harold Rosson, su adecuado uso de la profundidad de campo y el acertado tratamiento lumínico de las imágenes.

Sin ser una de las mejores películas de su autor,The red badge of courage es un buen filme que se incorpora con honor a ese reducido grupo de relatos intimistas bélicos casi alucinógenos, intensamente abstractos,  que el cine nos brindó en algunas ocasiones.

 

 

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