Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2008.
Resumen
- 16/09/2008 21:42 - Crítica número 59: El rebelde orgulloso (Michael Curtiz, 1958)
- 20/09/2008 15:31 - Crítica número 60: Su majestad de los mares del sur Byron Haskin, 1954)
- 20/09/2008 15:35 - Crítica número 61: Orfeo (Jean Cocteau,1950)
- 22/09/2008 23:37 - Crítica número 62: Scaramouche (George Sidney, 1952)
Crítica número 59: El rebelde orgulloso (Michael Curtiz, 1958)

El amor, la guerra y el oeste.
El rebelde orgulloso narra la historia de un hombre y su hijo que han visto marcadas sus vidas (física y/o emocionalmente) por la guerra civil. En su periplo en busca de cura para un mal del chico llegarán a un tranquilo pueblo del oeste...
Michael Curtiz, director capaz de conjugar todos los elementos a su alcance para formar obras cinematográficas de entidad (Casablanca, Ángeles con caras sucias, Dodge city), narra este western con pulso sereno (con similar tono al Wyler de La gran prueba o Horizontes de grandeza) y con mirada madura, matizada, incluso amarga en determinados instantes. El filme va avanzando descubriendo poco a poco matices en los personajes, entrelazando paulatinamente los lazos que les unen, construyendo una narración humanista, sutil, en torno a los efectos de la guerra y a los conflictos entre ganaderos y rancheros.
La bellísima relación entre los personajes que encarnan Alan Ladd y Olivia de Havilland, la relación verdadera que une a Ladd con su hijo, el cariño y valores representados por el perro que les acompaña, la belleza serena de la naturaleza (bellísimo plano de las sombras de los personajes en el río o del atardecer en los campos), la desestruturación emocional provocada por la guerra (representada por la mudez del niño)... Todos estos elementos y más se presentan en la pantalla dentro del marco genérico del western, matizados por la notable banda sonora de Moross y fotografiados con bastante acierto.
El rebelde orgulloso posee hondura emocional, magníficas interpretaciones de sus protagonistas y se despliega, gracias a Curtiz, ante los ojos del espectador de manera serena y profunda como las calmadas sombras de los bosques.
Michael Curtiz, director capaz de conjugar todos los elementos a su alcance para formar obras cinematográficas de entidad (Casablanca, Ángeles con caras sucias, Dodge city), narra este western con pulso sereno (con similar tono al Wyler de La gran prueba o Horizontes de grandeza) y con mirada madura, matizada, incluso amarga en determinados instantes. El filme va avanzando descubriendo poco a poco matices en los personajes, entrelazando paulatinamente los lazos que les unen, construyendo una narración humanista, sutil, en torno a los efectos de la guerra y a los conflictos entre ganaderos y rancheros.
La bellísima relación entre los personajes que encarnan Alan Ladd y Olivia de Havilland, la relación verdadera que une a Ladd con su hijo, el cariño y valores representados por el perro que les acompaña, la belleza serena de la naturaleza (bellísimo plano de las sombras de los personajes en el río o del atardecer en los campos), la desestruturación emocional provocada por la guerra (representada por la mudez del niño)... Todos estos elementos y más se presentan en la pantalla dentro del marco genérico del western, matizados por la notable banda sonora de Moross y fotografiados con bastante acierto.
El rebelde orgulloso posee hondura emocional, magníficas interpretaciones de sus protagonistas y se despliega, gracias a Curtiz, ante los ojos del espectador de manera serena y profunda como las calmadas sombras de los bosques.
Puntuación: 4,5/5
Crítica número 60: Su majestad de los mares del sur Byron Haskin, 1954)

Bella isla sin alma.
Su Majestad de los mares del sur muestra una historia de aventuras que gira en torno al comercio de la Copra, aceite de coco especialmente valioso. Su protagonista, un aventurero americano, vivirá una serie de experiencias que le enseñarán una valiosa lección...
Filme de aventuras paradisíacas realizado sin especial pericia (sólo dos o tres ideas narrativas revisten especial interés) por Byron Haskin, magníficamente fotografiado, con un guión por lo general correcto, con una banda sonora de Tiomkin que intenta imprimir intensidad a los sucesos que se muestran y con intérpretes que cumplen con su cometido.
Nada de lo que ocurre en este entretenido, digno, pero insatisfactorio filme de aventuras, se nos muestra con convicción o especial intensidad. Película confeccionada mecánicamente, Su Majestad de los mares del sur es demasido genérica para ahondar en su significado.
Filme de aventuras paradisíacas realizado sin especial pericia (sólo dos o tres ideas narrativas revisten especial interés) por Byron Haskin, magníficamente fotografiado, con un guión por lo general correcto, con una banda sonora de Tiomkin que intenta imprimir intensidad a los sucesos que se muestran y con intérpretes que cumplen con su cometido.
Nada de lo que ocurre en este entretenido, digno, pero insatisfactorio filme de aventuras, se nos muestra con convicción o especial intensidad. Película confeccionada mecánicamente, Su Majestad de los mares del sur es demasido genérica para ahondar en su significado.
Puntuación: 2,5/5
Crítica número 61: Orfeo (Jean Cocteau,1950)

Orfeo de Jean Cocteau.
Orfeo de Jean Cocteau es, a mi parecer, un filme endeble, que tiene su mayor interés si se observa como expresión de la personalidad de Cocteau.
Cierto es que posee una originalidad atrayente, un tratamiento artístico de la historia que merece mi respeto, pero no puedo evitar creer que existe en el fondo por parte de Cocteau cierta falta de comprensión del medio cinematográfico.
Cocteau aplica ciertas corrientes artísticas de vanguardia tendentes a mostrar abstractamente una historia que no lo necesita pues ya es abstracta desde su concepción. La historia de Orfeo ya es compleja en su simplicidad (sabiduría de los clásicos) y no necesita nuevas redundantes relecturas que desorienten al espectador.
Orfeo es una obra de cierta valía en sus soluciones plástico-escenográficas(efectos visuales y planteamiento estético de algunas escenas), pero es un auténtico fracaso desde el punto de vista de su planteamiento dramático-cinematográfico (descripción de personajes pobre en su mayoría, determinadas escenas mal construídas o directamente carentes de interés, desmañanda construcción...).
Cierto es que posee una originalidad atrayente, un tratamiento artístico de la historia que merece mi respeto, pero no puedo evitar creer que existe en el fondo por parte de Cocteau cierta falta de comprensión del medio cinematográfico.
Cocteau aplica ciertas corrientes artísticas de vanguardia tendentes a mostrar abstractamente una historia que no lo necesita pues ya es abstracta desde su concepción. La historia de Orfeo ya es compleja en su simplicidad (sabiduría de los clásicos) y no necesita nuevas redundantes relecturas que desorienten al espectador.
Orfeo es una obra de cierta valía en sus soluciones plástico-escenográficas(efectos visuales y planteamiento estético de algunas escenas), pero es un auténtico fracaso desde el punto de vista de su planteamiento dramático-cinematográfico (descripción de personajes pobre en su mayoría, determinadas escenas mal construídas o directamente carentes de interés, desmañanda construcción...).
Puntuación: 2/5
Crítica número 62: Scaramouche (George Sidney, 1952)

Escaramuzas de increíble vivacidad.
La acción de Scaramouche transcurre en Francia, en un momento anterior a la explosión de la Revolución que pondría fin al antiguo régimen. Dicha situación histórica ejemplifica a la perfección la dicotomía constante que reina todo el relato: el mundo de la vieja aristocracia y los nuevos burgueses, el protagonista del relato es a la vez humilde y aristocrático, ama a una humilde joven exhuberante y al mismo tiempo a otra dama noble, se esconde tras una máscara...
En Scaramouche hay una dualidad constante, un proceso de cambio (social, identitario, emocional) que supone la perfecta plasmación de la aventura entendida como viaje cambiante, como proceso de descubrimiento externo e interno...
Otro rasgo definitorio de la dualidad de Scaramouche es su condición de farsa y de aventura romántica. Por una parte en ella todo es posible, los sucesos tienen carácter folletinesco, exagerado, desenfadado... Por otra, la profundidad emotiva (drama, romance) que alcanza, la franqueza de la mirada del protagonista ante los hechos que ante sus ojos se desencadenan es magnífica.
Filme de ritmo trepidante parece, al mismo tiempo, detenerse en fugaces momentos en los que despliega oasis de frágil perfección. El dominio narrativo de Sidney es total (el filme se inicia con unos hombres a caballo que preguntan por un noble, el cual se ve, al fondo, en una colina incurso en una lid) dando a cada escena el tono que requiere, la fotografía es excelente (cierta escena en los jardines llenos de niebla), las actuaciones de los cuatro actores principales son memorables y la banda sonora de Victor Young posee la suficiente energía y pulso romántico para completar esta muestra de cine de capa y espada difícilmente igualable por su riqueza de tonos, temas, ambientes y actuaciones... Scaramouche parece estar rodada en un pletórico estado de euforia creativa.
En Scaramouche hay una dualidad constante, un proceso de cambio (social, identitario, emocional) que supone la perfecta plasmación de la aventura entendida como viaje cambiante, como proceso de descubrimiento externo e interno...
Otro rasgo definitorio de la dualidad de Scaramouche es su condición de farsa y de aventura romántica. Por una parte en ella todo es posible, los sucesos tienen carácter folletinesco, exagerado, desenfadado... Por otra, la profundidad emotiva (drama, romance) que alcanza, la franqueza de la mirada del protagonista ante los hechos que ante sus ojos se desencadenan es magnífica.
Filme de ritmo trepidante parece, al mismo tiempo, detenerse en fugaces momentos en los que despliega oasis de frágil perfección. El dominio narrativo de Sidney es total (el filme se inicia con unos hombres a caballo que preguntan por un noble, el cual se ve, al fondo, en una colina incurso en una lid) dando a cada escena el tono que requiere, la fotografía es excelente (cierta escena en los jardines llenos de niebla), las actuaciones de los cuatro actores principales son memorables y la banda sonora de Victor Young posee la suficiente energía y pulso romántico para completar esta muestra de cine de capa y espada difícilmente igualable por su riqueza de tonos, temas, ambientes y actuaciones... Scaramouche parece estar rodada en un pletórico estado de euforia creativa.
Puntuación: 4,5/5

